Un Diario de Hermenéutica Aplicada – Lectores del Infinito

El objetivo exclusivo de este diario es la diseminación de ideas. Debido a que las ideas aquí propuestas son, en considerable grado, ajenas al hombre occidental, el formato de este diario debe adaptarse a la naturaleza de esas ideas. Las ideas a las que me refiero me fueron propuestas por don Juan Matus, un indio mexicano, o chamán, quien me guio durante treinta años de aprendizaje en el mundo cognitivo de los brujos que vivieron en México en tiempos antiguos. Pretendo presentar estos conceptos de la misma manera que él lo hizo: directamente, concisamente y utilizando el lenguaje en su máxima extensión posible. Esta es la manera en que don Juan condujo cada faceta de sus enseñanzas; esto atrajo mi atención desde el inicio de mi asociación con él hasta el punto en que hice de la claridad y precisión en el uso del lenguaje una de las metas deseadas de mi vida.

Mis intentos de publicar este diario se remontan al año 1971, cuando presenté este formato a algunos editores de libros quienes, rápidamente, lo rechazaron, dado que tal formato no se ajustaba a las nociones preconcebidas de un diario académico, ni al formato de una revista, ni siquiera a un periódico. Mis argumentos de que las ideas contenidas en este diario eran lo suficientemente extrañas como para determinar un formato que mezclara aquellos tres géneros establecidos, no tuvieron fuerza suficiente para convencerlos de publicarlo. El título que tenía para el diario, en aquel tiempo, era «Diario de etno-hermenéutica». Años después, descubrí que una publicación con ese nombre ya estaba en circulación.

Ahora, me encuentro en posición de publicar este diario. No se trata de un intento de comercializar nada, ni siquiera un vehículo para apologías de ningún tipo. Lo visualizo como un intento de introducir el mundo de la especulación filosófica del hombre occidental en la visión intuitiva de los indios brujos que vivieron en México en tiempos antiguos, cuyos descendientes culturales se encuentran en figuras como don Juan y su grupo.

Juré, desde que ingresé en el mundo cognitivo de don Juan, permanecer fiel a lo que él me enseñó. Puedo decir, desprovisto de vanidad, que durante treinta y cinco años mantuve viva esta promesa. Ahora ella influye en la concepción y desarrollo de este diario. Se adapta a una de las observaciones de don Juan: él la llamaba la «lectura del infinito«. Dijo que cuando uno está vacío de pensamientos y adquiere algo que él llamaba «silencio interno«, el horizonte aparece ante los ojos del vidente como una hoja de lavanda. Sobre esa hoja de lavanda, un punto de color se hace visible: la granada. Ese punto granada se expande súbitamente y explota dentro de un infinito que puede ser leído. Se puede decir que, en este momento de nuestra historia, los humanos somos lectores, independientemente de si leemos sobre asuntos filosóficos o manuales de instrucción. Un desafío digno concebido por don Juan para tales lectores sería convertirse en «lectores del infinito«. Este diario es congruente, aseguro, en espíritu y práctica, con ese desafío. Se origina en el silencio interno; una invitación para que todos se conviertan en lectores del infinito.

En el panorama de estos argumentos, decidí, apoyado por un acuerdo unánime de mi grupo, cambiar el nombre de este diario de «El Camino del Guerrero», un término usado desde hace mucho tiempo, a algo más actual que aún no ha sido utilizado: LECTORES DEL INFINITO.

(Carlos Castaneda, Un Diario de Hermenéutica Aplicada)

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