En este capítulo, Castaneda, instado por los aprendices, relata sus experiencias personales de *ensoñación*, incluyendo sus visiones recurrentes de un tigre dientes de sable, que la Gorda identifica como una forma peligrosa de «ensoñación fantasma». El enfoque cambia drásticamente cuando Josefina revela que se encuentra regularmente con el aprendiz fallecido, Eligio, en sus propios sueños. El misterioso mensaje de Eligio es que Castaneda es efectivamente el Nagual pero «no es para ellos», y que debe «recordar su lado izquierdo» para cumplir su rol. La situación se intensifica cuando Nestor, Benigno y Lydia también comienzan a manifestar extraños «casi recuerdos» de Castaneda enseñándoles cosas en un pasado que no pueden ubicar lógicamente, provocando en Castaneda una reacción física e incontrolable ante la desconcertante convergencia de sus experiencias de otro mundo.