En sus enseñanzas, ponía gran énfasis en explicar y discutir el punto de encaje. Le pregunté una vez si el punto de encaje tenía algo que ver con el cuerpo físico.
«No tiene nada que ver con lo que normalmente percibimos como el cuerpo», dijo. «Es parte del huevo luminoso, que es nuestro ser de energía».
«¿Cómo se desplaza?», pregunté.
«A través de corrientes de energía. Sacudidas de energía, que se originan fuera o dentro de nuestra forma de energía. Éstas son por lo general corrientes impredecibles que ocurren al azar, pero con los brujos son corrientes muy predecibles que obedecen al intento del brujo».
«¿Tú mismo puedes sentir esas corrientes?»
«Todo brujo las siente. Todo ser humano las siente, en realidad, pero los seres humanos comunes están demasiado ocupados con sus propios asuntos como para prestar atención a sensaciones como esa».
«¿Cómo se sienten esas corrientes?»
«Como una leve incomodidad, una vaga sensación de tristeza seguida inmediatamente por euforia. Como ni la tristeza ni la euforia tienen una causa explicable, nunca las consideramos como verdaderas acometidas de lo desconocido, sino como un mal humor inexplicable e infundado».
(Carlos Castaneda, El Arte de Ensoñar)
