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La Fuerza Rodante – El Fuego Interno

Don Juan continúa su instrucción incitando a Castaneda a ver las emanaciones del Águila y el capullo del hombre mediante un desplazamiento controlado de su punto de encaje. Explica la interacción de la voluntad y el intento en el movimiento del punto de encaje, guiando a Castaneda a una posición de ensueño para observar seres luminosos. Castaneda experimenta un encuentro sorprendente con la fuerza rodante, o «rodillo», percibida como bolas de fuego que lo golpean, revelando la función protectora de los «escudos» humanos (intereses absorbentes) contra esta fuerza letal. Don Juan explica que perder la forma humana es una etapa inevitable para los guerreros, marcando un desplazamiento permanente del punto de encaje de su fijación original, lo que lleva a la desvinculación irreversible de la fuerza que hace a uno «persona». Profundiza en la fuerza rodante como el medio por el cual el Águila distribuye la vida y recauda la muerte, distinguiendo entre sus aspectos destructivo («rodante») y de mantenimiento de la vida («circular»). Castaneda recuerda vívidamente haber visto el rodillo durante un evento anterior en la Ciudad de México, lo que provoca una discusión más profunda sobre su naturaleza y la vulnerabilidad de la fisura en el capullo. Don Juan concluye contrastando la fatal obsesión de los viejos videntes con el aspecto destructivo de la fuerza rodante (que los llevó a ser absorbidos por ella, o incluso a transformarse en árboles para evadirla) con el objetivo de los nuevos videntes de desintegrarse totalmente en las emanaciones del Águila a través de una comprensión equilibrada y la impecabilidad.

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El Molde del Hombre – El Fuego Interno

Don Juan concluye su explicación del dominio de la conciencia asignando a Castaneda la tarea de romper la barrera de la percepción sin ayuda, enfatizando que un fracaso reduciría su aprendizaje a meras palabras. Describe la barrera como una «pared de niebla» y la importancia de un estado sin diálogo interno para que el punto de encaje se mueva. La verdadera clave para desplazar el punto de encaje, revela don Juan, es el propio dominio de la conciencia, que libera el punto al descartar el inventario de uno. Luego instruye a Castaneda a ver el molde del hombre, un paso crucial para liberar todos los lazos de su punto de encaje. Castaneda recuerda una experiencia previa de ver el molde del hombre como una luz radiante y una deidad masculina, una «visión fortuita» que don Juan aclara como un «prototipo estático de la humanidad sin ningún poder». Lucha con las implicaciones sacrílegas pero finalmente se convence por una experiencia directa del molde como una luz ámbar infinita, sintiendo un afecto profundo y desinteresado. Don Juan explica que tales desplazamientos, especialmente los inducidos por las plantas de poder, resaltan la naturaleza provisional de la percepción. Aclara que ver el molde como un hombre es un desplazamiento lateral, mientras que verlo como luz (lo que Castaneda logra de forma independiente) significa un desplazamiento más profundo y significativo en la sección media de las emanaciones del hombre, lo que lleva a una comprensión profunda e imparcial de su verdadera naturaleza como patrón, no como creador.

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